Cuando trasplantamos una planta a una maceta más grande, con mejor tierra y más luz, lo normal es que durante un tiempo parezca triste. Pierde alguna hoja, deja de crecer, se queda quieta. No es que el cambio haya sido malo: es que las raíces necesitan tiempo para agarrarse a la tierra nueva.
Con las personas que se van a vivir a otro país pasa algo parecido. Muchas se fueron por algo bueno: un trabajo, una pareja, una oportunidad que en España no llegaba. Y aun así, en algún momento aparece una sensación difícil de explicar: estar bien y, a la vez, echar de menos; tener la vida aquí y una parte de uno mismo allí. Sentirse partido. A eso, en psicología, lo llamamos duelo migratorio.
Qué es el duelo migratorio
El duelo es la reacción natural ante una pérdida. Solemos asociarlo a la muerte de un ser querido, pero, como ya contamos en El psicólogo ante el duelo, también se viven duelos por una separación, por la pérdida de la salud o por cambiar de país de residencia.
En la migración no se pierde una sola cosa, sino varias a la vez. El psiquiatra Joseba Achotegui, de la Universidad de Barcelona, que lleva décadas estudiando la salud mental de las personas que migran, describe siete duelos que, en mayor o menor grado, aparecen en todos los procesos migratorios (artículo de Joseba Achotegui, Universidad de Barcelona, 2019):
- La familia y los seres queridos: los padres, los hermanos, los amigos de siempre.
- La lengua: pensar, trabajar y relacionarse en otro idioma.
- La cultura: costumbres, horarios, formas de hacer y de entender las cosas.
- La tierra: el paisaje, la luz, el clima, la ciudad en la que creciste.
- El estatus social: empezar de cero en lo profesional o tener que demostrar lo que ya sabías hacer.
- El grupo de pertenencia: dejar de ser «de aquí» para ser «el de fuera».
- Los riesgos físicos que puede implicar el viaje y la llegada.
Achotegui insiste en que no es lo mismo migrar en buenas condiciones que en situaciones extremas. Cuando la migración se hace en condiciones muy duras (sin papeles, sin red, con miedo), el duelo puede volverse tan intenso que da lugar a lo que él llamó síndrome de Ulises. No es lo que vive la mayoría de quienes se van por trabajo o por amor. Pero que el duelo sea más llevadero no significa que no exista.
Por qué duele aunque irse haya sido una buena decisión
Una de las cosas que más escuchamos en consulta es: «No entiendo por qué estoy así, si estoy donde quería estar».
La respuesta es que ganar no anula perder. Puedes estar contento con tu trabajo nuevo y, a la vez, notar el hueco de no poder tomar un café con tu madre. Puedes disfrutar de la ciudad en la que vives y echar de menos la tuya. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo, y no hay que elegir entre ellas.
A veces la tristeza se vive con culpa: parece una forma de ingratitud hacia la oportunidad o hacia la persona por la que uno se fue. Otras veces se tapa con mucha actividad, con el «ya me acostumbraré». Pero el duelo que no se mira no desaparece: se queda en segundo plano y asoma por otras vías, como el cansancio, la irritabilidad o una sensación de vida en pausa.
Sentirse partido: vivir entre dos lugares
El duelo migratorio tiene una particularidad: lo que se pierde sigue existiendo. Tu familia está ahí, tu ciudad sigue ahí, y puedes volver de visita. Por eso no se cierra de una vez, sino que se reactiva una y otra vez:
- En Navidad, en los cumpleaños o en las bodas a las que no puedes ir.
- Al volver de unas vacaciones en España, cuando el avión despega y algo se encoge por dentro.
- Cuando un padre o una madre enferma y la distancia se hace enorme.
- Cuando tus hijos crecen hablando otro idioma o sin los abuelos cerca.
Con los años, muchas personas describen una sensación de no ser del todo de ningún sitio: en el país de acogida siguen siendo «el español» o «la española», y cuando vuelven a España notan que las cosas, y ellas mismas, han cambiado. Esta doble pertenencia puede ser una riqueza, pero también cansa, sobre todo cuando no hay con quién hablarlo.
Señales de que el duelo migratorio te está pesando
Sentir nostalgia es normal. Conviene prestar atención cuando, además, aparecen cosas como estas durante semanas:
- Una tristeza o una añoranza que no cede y que tiñe el día a día.
- Cansancio constante, problemas para dormir o cambios en el apetito.
- Irritabilidad, menos paciencia con la pareja, los hijos o los compañeros.
- Idealizar todo lo de España y rechazar todo lo del país en el que vives, o al revés.
- Aislarte: dejar de quedar, no hacer planes, vivir «de paso».
- Sentir que la vida real empezará «cuando vuelva» y que lo de ahora no cuenta.
- Una culpa persistente por estar lejos de tus padres o de tu familia.
- Ansiedad, preocupación constante o la sensación de no poder con todo.
Qué ayuda a elaborar el duelo migratorio
No hay una receta, pero sí algunas cosas que vemos que ayudan:
Ponerle nombre. Saber que lo que te pasa tiene una explicación, y que le pasa a mucha gente, quita una parte del peso. No estás fallando: estás haciendo un duelo.
Dar espacio a las dos emociones. Puedes alegrarte de tu vida nueva y llorar lo que dejaste. No hace falta resolver esa contradicción, basta con permitirla.
Cuidar los vínculos de allí sin vivir solo para ellos. Las videollamadas con la familia sostienen mucho. Pero si toda la energía se va en mantener la vida de España, cuesta echar raíces en la nueva.
Construir red donde vives. Lleva tiempo y suele costar más de lo que pensamos. Un grupo, una actividad, un par de personas con las que poder ser tú. No hace falta que sean españolas, aunque a veces ayuda tener a alguien que entiende el contexto sin explicaciones.
Conservar lo tuyo. Tu lengua, tu música, tus comidas, tus rituales. Mantener una parte de tu identidad no impide adaptarte; al contrario, da base para hacerlo.
Ajustar las expectativas de las visitas. Volver a España suele ser intenso: mucha gente, poco tiempo, ganas de que todo salga perfecto. Prepararlo con realismo evita bastantes decepciones, a la ida y a la vuelta.
Hablarlo en pareja y en familia. Cuando uno de los dos se mudó por el trabajo del otro, o cuando se crían hijos lejos de los abuelos, el duelo no lo vive solo una persona. Ponerlo sobre la mesa evita que se convierta en reproche. Si te preocupa cómo acompañar a alguien que lo está pasando mal, te puede servir Cosas que se deben y que no se deben hacer cuando se ayuda a una persona que ha sufrido una pérdida.
El regreso también es un duelo
Volver a España, ya sea después de dos años o de veinte, no siempre es volver a casa. El país ha cambiado, los amigos han hecho su vida y uno mismo ya no es la persona que se fue. Además, al volver también se pierde algo: la vida que se construyó fuera. Por eso el regreso, o la duda de si regresar, también se trabaja en terapia. A veces volver cuesta tanto como irse.
Cuándo pedir ayuda
Conviene buscar apoyo profesional si el malestar dura semanas, si interfiere en tu trabajo, tu sueño o tus relaciones, o si notas que estás recurriendo al alcohol u otras sustancias para sobrellevarlo. No hace falta esperar a estar muy mal: pedir ayuda a tiempo suele hacer el camino más corto.
Si en algún momento tienes pensamientos de hacerte daño o de que no merece la pena vivir, pide ayuda urgente. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas. Si vives fuera, llama al número de emergencias del país en el que estás (el 112 en la Unión Europea).
Hablarlo en tu idioma
Hacer terapia en tu lengua materna, con alguien que conoce tu contexto, ahorra muchas explicaciones: no hace falta contar qué significa la familia en España ni por qué te pesa perderte una Navidad. Desde 2013 acompañamos por videollamada a personas que viven fuera de España y que, como tú, a veces se sienten partidas entre dos lugares. Terapia en español desde el extranjero
Las raíces tardan en agarrar, pero agarran. Y el camino es más llevadero cuando no se recorre en solitario. ¿Te animas a contarnos cómo lo estás viviendo?

Patricia Santiago García
Psicóloga General Sanitaria (M-26280). Terapia psicológica online y presencial en Madrid para adultos, niños y adolescentes, familias y parejas.
- Experta en Intervención Psicoterapéutica
- Experta en Mediación y Orientación familiar
- Experta en Terapia de Pareja
